Una mañana, un agricultor entró en el Ayuntamiento de Casihundido. Pocos minutos después, entró otro, y otro, y muchos propietarios, antiguos y nuevos,
de tierras del pueblo. Unos con sus boinas, otros con sus corbatas y sus colegas de fechorías, todos se fueron sentando en una pequeña sala, y así,
en silencio, se celebró una reunión ala que asistieron gran parte de los dueños de las tierras que Fa y su constructora amiga necesitaban.
Fa introdujo los dedos entre su gran papada y el cuello de su camisa y se aflojó el nudo de la corbata (si pudiera me la quitaría, pensó, pero he
vuelto a mancharme la camisa). Trató de recordar la lección que le habían hecho memorizar, pero fue en vano. Así que comenzó a hablar sin más:
- Bueno, iré al grano. Quiero vuestras tierras. Mis amigos... digo... la gente que las ha ido comprando estos últimos años, está dispuesta a vender,
de manera que sólo faltáis vosotros, y si no vendéis os quedaréis solos con un trozo de huerta rodeado de edificios, sin la posibilidad de utilizar
el agua de los motores, en una ciudad donde la agricultura cada vez está peor remunerada. ¿No veis que podemos comprar lo que vosotros cultiváis a
los negros de mi... ejem, de África por un mísero precio? No vais a volver a saber en vuestra vida lo que es una subvención ni una ayuda del estado.
Y vuestros hijos acabrán pagando vuestros errores. Yo sólo os aviso para que sepáis cuán infinta es mi bondad.
Fa miró el reloj. Se quitó con los dedos la saliva acumulada en las comisuras de sus labios y prosiguió:
- El macro-proyecto, llamado Viejo Centenario (queríamos llamarlo Nuevo Casihundido, pero por razones de marketing que no sé
explicar acabamos desestimando ese nombre), ocupará la zona del Oeste del término del municipio. Se os pagará por el valor de la tierra,
ya sabéis, ganadera y agrícola, nada de cobrar las naves de ganado, viviendas, casetas de fin de semana... los bienes inmuebles no existen a la
hora de cobrar, ¿entendido? - Las tripas de Fa sonaron descaradamente recordándole su condición de humano. "Tengo hambre, he de darme prisa",
pensó -. En fin, todo claro, ¿no? Ninguna duda, ¿verdad? Pues me voy a almorzar.
-Pero yo tengo una pregunta. - Alguien se atrevió a levantar la mano. Alguien se interpuso entre Fa y su bocadillo de longanizas.
El edil miró con odio e impaciencia: Dime, pesado.
- ¿Y si no quedemos vender? ¿Y si la gente que vive allí no quiere vender la casa?
Fa pensó en su bocadillo, sus tripas volvieron a recordarle su condición de humano, de humano hambriento y sin ganas de escuchar preguntas impertinentes.
- Hay que vender, hay que vender. Y la única casa de esa zona que es vivienda habitual, ya está vendida. El resto son segundas viviendas, establos,
cuadras... esas cosas que no cuesta vender - contestó Fa, orgulloso de su capacidad de inventar y mentir tan rápidamente.
- Pero... - insistió alguien desde su asiento.
- Pero nada, quiero mi bocadillo, ¡quiero mi bocadillo! - se le escapó a Fa, que salió del ayuntamiento y se dirigió a su bar habitual,
a un rincón escondido y privado, lejos de insultos de ciudadanos descontentos, maltratados y decepcionados.
Marionet, que había empleado todo el tiempo de la reunión en una profunda observación de los trazos irregulares que el esmalte había dejado en
las uñas de sus pies, y que estaba dispuesta a despedir a la pobre señora que se dedicaba a hacerle la pedicura, se levantó sobresaltada, corrió
detrás de la voz de su señor, Fa, diciendo a los asistentes a la reunión mientras recogía su bolso y su torera con lentejuelas: "Hay que ver,
los grandes genios de estos días cómo son".
Pocos días después, en una vieja parroquia, se celebró otra reunión, muy diferente a aquella enq ue se reveló el nombre del faraónico proyecto. Esta
vez, un grupo de gente, enterada de tales planes, se juntó para hablar de las posibilidades de frenarlos. Había allí gente joven, gente mayor, políticos
interesados y desinteresados, ciudadanos comprometidos, habitantes de Casihundido curiosos y cansados, hartos y escépticos, pero con ciertas esperanzas.
- Ahora entiendo por qué la Marionet esa se cambió de bando - se podía oír en la reunión.
- Ese proyecto, además de ilegal y rebosante de irregularidades y corrupción, será la perdición para el pueblo. ¡Pretende triplicar la población!
- Provocará inhundaciones: estamos en una zona de riesgo de inundaciones, y si la tierra que absorbe el agua de las grandes lluvias desaparece,
ésta bajará al pueblo. Nos ahogaremos!
- No hay plazas en los colegios! ¿Dónde meteremos a todos los niños que vengan a vivir a esas casas nuevas? ¿Y a los niños que ya viven aquí? ¿Es que
nadie va a pensar en los niños?
- Y tampoco hay agua para tanta gente. Pero si en verano ya hemos tenido que sufrir cortes de agua en toda la comarca por culpa de la sequía.
- Pero he leído un informe donde afirman que hay pozos de donde pueden sacar agua.
- ¿Pozos? Sí, pozos cuya agua, llena de nitratos y fosfatos, sólo sirve para el regadío, para regar los campos, ¡no es potable! ¿Qué harán, ponernos
una depuradora? Que no nos engañen, que ese agua sólo sirve para regar campos...
- Sí, sí, campos de golf...
- Que no, que sólo está permitido usar el agua de esos pozos para fines agrícolas y ganaderos.
- Claro, y eso dicen que hacen los que riegan el campo de golf. Según el catastro, esa zona es agrícola. ¿No ves que son unos tramposos?
- En todo caso, también han hecho trampas al afirmar que disponían de agua gracias a esos pozos.
- ¿Y dónde se ha visto un pueblo con la densidad de población que tendríamos? Es una locura. Ningún municipio de toda la provincia tiene esa
densidad de población.
- ¿Y tendremos que compartir el ambulatorio también, no? Pero si no hay bastante con un solo ambulatorio para la gente que somos ahora, si las esperas
son eternas, si te curas antes de que te visite el médico de cabecera...
- ¿Y qué me dicen de los residuos? ¿Dónde irán a parar? ¿Al lago? Si el pobre cada vez da más asco y pena...
- Sí, y dicen que lo cuidarán, que pondrán restaurantes alrededor, que tirarán las casas que aún sobreviven en la zona, como hicieron anteriormente con
las casas tradicionales que incluso dieron nombre a nuestro barrio más antiguo... Esta stuación es deprimente. Me entran ganas de llorar de impotencia.
- Bueno gente - alguien interrumpió la acalorada tertulia -, queda claro que hemos de hacer algo. Recogeremos firmas, elaboraremos un manifiesto,
haremos manifestaciones, nos haremos oír, trataremos de darnos a conocer acudiendo a los eventos de las fiestas patronales, recurriremos a la
prensa... ¡y a Europa si hace falta! Y para organizarnos y conseguir nuestro objetivo: frenar este urbanismo desmesurado que nos amenaza,
hoy creamos el colectivo Salvemos Casihundido.